Lucia Liencres

Cuántas veces estamos en ese dialogo interno, cuántas al día. 

“No es suficiente”

“Puedo hacerlo más rápido y mejor”

“Puedo ganar más dinero”

“Puedo estar más flaca”…

¿A dónde quiero llegar?

¿No soy suficiente para quién o para qué?

Los niños no comen si no tienen hambre.

El sol no llega antes del amanecer.

La luna no cambia de fase hasta que no llega el momento de hacerlo.

Las flores no salen hasta que no llega la primavera.

No nos damos cuenta de que no hay ningún sitio a dónde ir, estamos atrapados en el presente, por mucho que lo obviemos y trabajemos por estar en otro lugar.

Por qué estamos tan desconectados? Por qué no escuchamos nuestro proceso interno. 

La ilusión de llegar a una meta que nunca llega.

De seguir una estructura que en realidad no existe.

Olvidarme de ser.

Seguir corriendo no se sabe a dónde ni a qué precio.

Llevar nuestro cuerpo al límite hasta que se enferma porque no puede más y necesita desconectar de nuestra locura.

O por el contrario parar, no hacer nada, abandonarme y así poder justificarme.

Más auto observación

Menos exigencia

Más comprensión

Menos drama

Más responsabilidad

Menos desconexión.

Límites

Permitirte sentir. Permitirte estar mal. Permitir que lo que sientas sea una prioridad que mostrar…