YIN YOGA

¿QUÉ ES?

Hola yoguis, hoy quiero hablaros del yin yoga, un estilo de yoga que cuando lo practiquéis os proporcionará unas sensaciones de bienestar increíbles.

El yin yoga es una práctica lenta de asanas donde la mayoría de los movimientos se realizan en el suelo. Las posturas se mantienen de forma pasiva durante un largo periodo de tiempo, que puede oscilar entre uno y ocho minutos, con lo que se consigue un nivel de estiramiento muy amplio acompañado de relajación, lo que resulta en una inmensa calma física y mental.

Con este mantenimiento de las posturas característico del yin yoga, en el que se trata de dejar que la gravedad actúe sobre el cuerpo, los estiramientos llegan hasta las capas más profundas del cuerpo, movilizando el tejido conectivo de los ligamentos y las articulaciones. Con este tipo de yoga además, se trabaja en los canales energéticos de los meridianos, nervios y sistema sanguíneo que puede que conozcáis  los que estéis familiarizados con la Medicina Tradicional China o la acupuntura.

¿Para qué sirve?

El yin yoga no sólo nos servirá para ganar elasticidad física de una forma pasiva con el mantenimiento sostenido de las asanas, sino que será una forma de meditación, al trabajar la respiración pausada y consciente durante las mismas, lo que nos ayudará a encontrar un espacio de paz en la práctica, a recuperar movilidad en determinadas partes del cuerpo y a prevenir posibles lesiones dadas por practicar alguna otra disciplina deportiva, ya que es un  tipo de yoga que incrementará notablemente nuestro rango de movilidad.

Se trata de un yoga restaurativo que nos permitirá terminar la sesión con una sensación de ‘gozo’. Durante la práctica, es fundamental saber que nunca debes sentir «dolor», no obstante, sí es normal tener cierta ‘incomodidad’; puede ocurrir que al comenzar a practicar yoga no diferenciemos bien entre ambas sensaciones, en cuyo caso, en una sesión de yin yoga será mejor quedarse simplemente en la ‘incomodidad’ y salir de la postura antes de que comience el ‘dolor’. Recordemos que se trata de ‘respirar’ en las posturas y, si la respiración no es fluida, el efecto de bienestar que viene implícito con esta práctica de yin yoga, no será perceptible.

¡Atento!

Puede ocurrir que en una sesión de yin yoga surjan determinadas sensaciones no sólo físicas sino emocionales, mi recomendación es dejarlas fluir, si te surgen ganas de llorar, sonreír, suspirar, etc., deja que fluyan mientras respiras y aflojas, sin juzgarte, permite que terminen su proceso, mientras sigues con la práctica, y al finalizar la clase sentirás un gran alivio. A veces el yin yoga nos permite aligerar ‘mochilas’ que llevábamos con nosotros ¡sin darnos cuenta!

Es cierto que el yin yoga es un estilo de yoga que cada día se está popularizando más; por lo que en The Class, nos ha parecido importante introducirlo entre nuestras clases  para que tengáis la oportunidad de practicarlo y conocer sus beneficios de primera mano. Además, como os he comentado, es una práctica que se complementa perfectamente con los estilos más dinámicos que ofrecemos como el ashtanga o el vinyasa. ¡Estoy casi segura que cuando lo probéis os va a apasionar tanto como a mí!

 

BENEFICIOS DEL YIN YOGA:

Es una práctica segura que fomenta el respeto por la anatomía particular de cada practicante y que se puede realizar a cualquier edad y en prácticamente cualquier condición física; las asanas se adaptan a cada persona con el uso de bloques, mantas, y otros soportes.

Incrementa en gran medida la flexibilidad de forma pasiva y consciente.

Relaja el sistema nervioso central al trabajar la quietud y la calma en las posturas.

Por su carácter pasivo, es una opción muy interesante para contrarrestar el estilo de vida activo y dinámico que se tiene muy a menudo, y el complemento perfecto para la práctica de otros estilos de yoga activos (yang) o deportes de gran actividad, así como en momentos de cansancio o estrés.

Trabaja sobre las fascias, movilizándolas con delicadeza mientras explora un amplio rango de movimiento hacia espacios más amplios de los habituales que te aportarán gran apertura corporal, mental y emocional, así como bienestar general, similar al que se tiene al recibir un masaje.

Es una práctica regeneradora; las posturas se realizan sobre el suelo con el mínimo esfuerzo muscular, lo que ofrece la oportunidad de relajar tensiones, aflojar y abrirse a la experiencia del ‘ahora’.

Favorece la movilización del Prana o energía vital del cuerpo de modo que repercute positivamente en nuestro organismo, órganos y tejidos.

Incrementa la concentración y la conciencia corporal.

Favorece la auto-práctica: al mantener las posturas durante un largo periodo de tiempo, podemos repetir las posturas que hayamos realizado el último día de clase en nuestra casa o de viaje si el día de práctica no podemos acudir a la clase guiada de un profesor.

Sus beneficios se perciben desde la primera práctica.

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